La Ermita de San Guillermo es un lugar donde la historia y la espiritualidad se entrelazan en un diálogo eterno con el Monte Pindo. Ubicada en lo alto del Monte do Facho, sus restos, aunque destruidos en el siglo XVIII, aún contemplan la ría y el majestuoso paisaje gallego.
Este sitio está vinculado al antiguo culto al sol, conocido como Ara Solis, y se dice que los matrimonios estériles dormían en una gran losa de piedra, buscando la bendición para concebir. La ermita, que probablemente albergó a un ermitaño, puede haber sido la morada del Duque de Aquitania, Guillermo X, quien peregrinó a Santiago en el siglo XI. Su viaje terminó en la ciudad del Apóstol, y la tradición popular lo inmortalizó como Don Gaiferos, aunque se piensa que la ermita es el resultado de la cristianización de un antiguo lugar de culto pagano. Otra versión menciona a San Guillermo de Gellone, un contemporáneo de Carlomagno, famoso por llevar barriles de vino sobre un asno.
La tradición cuenta que, en Fisterra, Santiago, el patrón de España, predicó a los idólatras, y según el historiador P. Catoira, en 1744 se dice que Santiago erigió la ermita para erradicar el culto al sol que se rendía en la vasta planicie del monte.
Hoy, se pueden ver los restos de muros que se extienden hacia una gran roca que cerraba el recinto. Allí se conserva un lecho de piedra con símbolos solares y un sepulcro antropomorfo en su ubicación original.
Para llegar a la ermita, se toma la carretera hacia el faro; a unos 300 metros antes de llegar, se encuentra una subida a la derecha que lleva a la antigua estación de radiotelegrafía. Desde ahí, un camino de barro nos conducirá hasta la ermita, ubicada a unos 400 metros más adelante.
La prolongación de la peregrinación a Fisterra es, tras el Camino Francés, el itinerario con más referencias literarias. El caballero Jorge Grissaphan, en el siglo XIV, dejó el relato más antiguo de esta ruta en sus Visiones Georgii. Deseoso de vivir como eremita en Galicia, oyó hablar de un «lugar muy solitario», el monte de San Guillermo. Sin embargo, después de cinco meses, se vio obligado a marcharse por la afluencia de visitantes, muchos de los cuales eran peregrinos.
Las menciones a la ermita son frecuentes en la Edad Media. En 1417, Nompar II, señor de Caumont, hizo referencia al “desierto” de San Guillermo. A finales del siglo XV, el polaco Nicolas Popielovo visitó Fisterra, donde se podían ganar indulgencias plenas en la iglesia. Ya en el siglo XVI, el veneciano Bartolome Fontana recorrió la Costa da Morte y habló de los guías que llevaban a los peregrinos hasta la ermita.
La ermita, con su mística y su legado, continúa siendo un punto de interés para quienes buscan conectar con la historia y la espiritualidad de Galicia